
Tengo mucho que decir, y sé que lo debes saber… pero simplemente me lo guardo, y con ese sentimiento dibujo tu silueta. ¿Quieres saber por qué no lo digo?, es que si no te lo digo puedo cantarlo y así las palabras se vuelven viento y corren a tus oídos y sin querer ahí se quedan. ¿Quieres saber por qué sonrío?, bueno, es que a pesar de no tenerte, aún así estás conmigo en cada palabra que escribo.
Cuando vives no sientes, y cuando logras sentir NO dejas vivir… ahora me dan ganas de destruir, destruir sutilmente nuestros castillos de arena que entre copas construimos a mitad de la noche, la noche que olvidamos. Recuerdo que esa noche era de caricias invisibles, embriagadas de placer, de esas que no se ven, esas que nos hacen cerrar los ojos y reír esperando, esas que agitan la respiración… luego comenzamos a sentir esa cercanía, dormidos pero soñando, y en esa soñada cercanía de caricias nos fuimos embriagando… ya no está aquella cercanía.
El día estuvo muy lento, la noche está muy ruidosa… tengo las amígdalas inflamadas y en la cara una costra en formación (no quiero hablar de eso). Me miro al espejo y me parezco mucho más al pendejo de 14 años que le robaba los cigarrillos al papá. Hoy algunas cosas me obligaron a mirar un ratito atrás, hasta me dieron ganas de pincharte el celular para ver si me invitabas a tomar una tasita de café… hay cosas que nunca cambian o se demoran bastante.
Ese chico me está robando el corazón, y al parecer tiene pensado guardárselo por un buen rato… no me importa!
Ya me ha pasado antes y no me importaría salir a bailar sin corazón.
Ah! Hoy sí almorcé… es interesante la actitud paternalista de algunas personas.
